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La Orquesta Sinfónica

ANÉCDOTAS, REFLEXIONES Y COMENTARIOS

Miguel Borge Martín


La Orquesta Sinfónica

Aunque ya había estado en algún ensayo de la Orquesta Sinfónica, además de haber comentado el repertorio de su primera presentación con su Director, Benjamín Juárez Echenique, fue verdaderamente impactante escucharla esa noche del Jueves 23 de Mayo de 1991, cuando se le presentó la Sinfónica al Presidente Carlos Salinas de Gortari en Isla Mujeres, comenzando con el “Huapango de Moncayo” que siempre resulta ser de un gran impacto.

Muchos no lo saben, pero la Orquesta surgió del Proyecto “Música para Quintana Roo” con 2 variantes: Orquesta Sinfónica de Quintana Roo con músicos de todo el país durante la Primavera; y “Orquesta Sinfónica del Caribe” con músicos de todos los países del Caribe durante el Otoño. /El Proyecto se vio favorecido con la donación que nos hizo el gobierno de Japón de 193 instrumentos marca Yamaha, como resultado de la excelente relación que teníamos en el área cultural con su Embajada, a través del Instituto Quintanarroense de Cultura (IQC), manejado con enorme entusiasmo y dinamismo por la Arq. Adriana de la Cruz Molina. /Por cierto, este Proyecto contempló también la creación de la Escuela Estatal de Música y la capacitación de Grupos Corales que permitieran a nuestros niños, adquirir sensibilidad por la música, reconociendo y reproduciendo sonidos con la voz, que no alcanzó a realizarse.

La Orquesta Sinfónica se reunía para sus ensayos en la Casa de la Cultura de Bacalar, donde la población de esa ciudad podía asistir a deleitarse con interpretaciones que formarían su repertorio. /Se estaba volviendo una tradición, dos veces al año, ir a escuchar estos ensayos que acercaban a la gente con el disfrute de la música clásica e instrumental.

Desde el principio de sus presentaciones, le sugerí al Director de la Orquesta que no fuesen programas de música clásica muy ‘pesada’, para que la audiencia asimilara la música con gusto y relativa facilidad. Él estuvo totalmente de acuerdo. La instrumentalización de canciones tradicionales y del amplio acervo musical regional y nacional, como Peregrina, Cielito Lindo, la Canción Mixteca y otras, se intercalaba a lo largo del programa musical en cada presentación.

Un día me llama desde Mérida mi prima Tere Borge, que era Secretaria de Turismo en el gobierno de Yucatán, para ofrecerme que la Orquesta Sinfónica de Yucatán tuviese una presentación en Quintana Roo. /Que era precioso escucharla interpretar Peregrina, el Caminante del Mayab y otras canciones del repertorio regional. /Me dio mucho gusto recibir de mi prima ese gesto, pero tuve que decirle que nuestra Orquesta Sinfónica las interpretaba y acababa de tener su temporada de presentaciones. /No sabía que teníamos una sinfónica en Quintana Roo, pero le dio mucho gusto saberlo. /¡Que padre que ya tengan una orquesta sinfónica!, dijo ella.

Al cierre del sexenio, la Orquesta Sinfónica (de Quintana Roo y del Caribe) había realizado 19 conciertos en 5 temporadas musicales, y había sido escuchada por casi 20,000 personas en Chetumal, Cancún, Cozumel, Felipe Carrillo Puerto e Isla Mujeres, lo que significa que asistieron a cada una de sus presentaciones alrededor de 1,000 personas en promedio, con una audiencia de 4,000 personas cada temporada, lo que muestra el interés que adquirió para la población en poco más de 2 años. /Pudieron haber sido las mismas personas que fueron a más de un concierto, pero aún así, la Orquesta fue muy bien recibida por la comunidad.

Desde la primera presentación de la Orquesta Sinfónica en el Salón Bellavista de Chetumal, me sorprendió gratamente lo que no me hubiera esperado: recibir cartas de felicitación por haber promovido esos conciertos. /Me decían que era muy bonito ver una orquesta tan grande tocando tan bonito; que habían disfrutado mucho de una orquesta como esa, que nunca antes habían visto; y algunas otras expresiones que manifestaban una enorme satisfacción. /Me di cuenta del gran valor y aprecio que la gente le asocia a las manifestaciones culturales, pero que la mayoría de las veces los políticos no sabemos apreciar.

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